En algún punto de la vida, nos enfrentamos a la disyuntiva de construir sobre nuestro pasado o sobre nuestros sueños. Esta frase ha estado resonando en mi mente porque, hace algunos meses, tomé la decisión de dedicarme por completo a ser la persona que realmente soy: una escritora de libre expresión, contemplativa de la evolución humana y nuestra conexión con la naturaleza.
Sin embargo, después de la “cuesta de enero”, mi instinto de supervivencia me invita a regresar a las viejas costumbres, a los viejos clientes y a la carrera profesional en comunicación y mercadotecnia que me ha brindado estabilidad durante años. Ayudar a las personas con sus emprendimientos me gusta, pero el año pasado decidí que debía priorizar mis propios proyectos sobre los de los demás. Fue una forma de reinventar mi vocación con una perspectiva más holística y honesta conmigo misma.
Construir sobre mi pasado significa apoyarme en la seguridad de mis relaciones profesionales, en un currículum consolidado y en la garantía de buenos resultados para mis clientes. Es un camino familiar, confiable, predecible. Significa asegurar ingresos y estabilidad financiera. Pero también significa permanecer en una zona de confort que, aunque me ha dado mucho, ya no se alinea con mi esencia actual.
Construir sobre mis sueños, en cambio, implica aceptar la incertidumbre, estar a la deriva de lo que pueda pasar. Significa confiar en mis decisiones y en mi preparación para crear algo nuevo desde cero. Es un salto de fe en mi capacidad de conectar con lo más profundo de mi ser y traducirlo en una expresión honesta de la realidad que vivo y siento en este momento. No hay un “sueldo seguro”, pero hay una certeza inquebrantable: esta inversión en mí misma me llevará más lejos de lo que cualquier carrera profesional perfecta podría ofrecerme.
La elección no es sencilla. El pasado nos ofrece seguridad; los sueños, libertad. Pero, ¿acaso no es la vida un ejercicio constante de equilibrio entre ambas fuerzas? Quizás la clave no sea abandonar por completo el pasado, sino tomar de él lo que nos fortalece y usarlo como cimiento para edificar el futuro que realmente deseamos. Tal vez construir sobre nuestros sueños no signifique desechar lo aprendido, sino reconfigurarlo con una nueva intención, con un propósito más alineado con lo que somos hoy.
Y en ese proceso, entre la certeza y la incertidumbre, entre la experiencia y la novedad, quizás encontremos el verdadero significado de lo que significa crecer.