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Diseño de narrativas de marca

Cómo descubrir la historia detrás de un producto

Llevo más de quince años diseñando narrativas para marcas y proyectos, y hay algo que cada vez me resulta más evidente: detrás de los productos que nos interesan de verdad suele haber algo que va mucho más allá de sus características. Hay una manera de entender el mundo, una historia que merece ser contada y una perspectiva con la que podemos identificarnos.

Lo entendí con especial claridad durante la creación de Totoaba de origen, un proyecto que nos invitó a mirar más allá de una especie para descubrir lo que representa en la memoria de una comunidad.

Escuchar antes de contar

Cuando trabajamos en una narrativa de marca, existe una tentación natural de comenzar por el producto: sus atributos, sus cualidades, aquello que lo distingue de los demás. Es información necesaria, pero rara vez es suficiente para construir una historia capaz de trascender.

Con Totoaba de origen, decidimos comenzar por otro lugar: San Felipe, las familias que durante generaciones habían dependido de esta especie, las recetas que pasaron de abuelas a nietos, las fotografías familiares y los recuerdos de un pueblo cuya historia también ha estado marcada por los cambios en torno a la totoaba, su recuperación y las problemáticas asociadas a su tráfico.

Al escuchar estas voces, la perspectiva cambió. La totoaba dejó de ser únicamente una especie con determinadas características para revelarse también como parte de una memoria colectiva, una cultura gastronómica y una historia de transformación territorial.

Había algo ahí que ninguna ficha técnica podía transmitir por sí sola: la relación entre una especie, las personas y el lugar que comparten. Ese descubrimiento transformó la manera de contar el proyecto.

Diseñar una narrativa es descubrir lo que conecta las partes

Como diseñadora de narrativas, no entiendo mi trabajo únicamente como el ejercicio de encontrar las palabras adecuadas para comunicar una idea. Lo entiendo como un proceso de investigación, escucha, curaduría y construcción de sentido.

Se trata de reconocer los elementos que, vistos por separado, pueden parecer inconexos y descubrir la historia que los reúne. A veces está en una tradición familiar; otras, en una decisión productiva, en una relación con la tierra o en aquello que una comunidad ha aprendido a preservar a través del tiempo.

En el caso de las marcas de origen, esta perspectiva resulta especialmente importante. Un vino, una miel, un queso o una pieza artesanal no existen de manera aislada. Son el resultado de un territorio, de unas condiciones particulares, de conocimientos acumulados y de decisiones humanas que les dan identidad. El producto es la evidencia tangible de todo eso. La narrativa nos permite comprender lo que significa.

Las marcas también expresan una forma de ver el mundo

Dos productos pueden compartir características, competir en una misma categoría e incluso proceder de territorios cercanos. Sin embargo, las razones que les dan origen, las decisiones que sostienen su producción y aquello que buscan preservar pueden ser completamente diferentes. Ahí encuentro una de las posibilidades más interesantes del diseño de narrativas: ayudar a una marca a reconocer y expresar su propia perspectiva.

¿Por qué hacemos las cosas de esta manera y no de otra? ¿Qué historia hay detrás de lo que producimos? ¿Qué estamos dispuestos a cuidar, incluso cuando hacerlo implica un mayor esfuerzo? ¿Qué relación queremos construir con las personas que eligen nuestro trabajo? Estas preguntas no pertenecen exclusivamente al departamento de marketing. Son preguntas sobre identidad, propósito y visión.

Cuando una marca logra responderlas con honestidad, deja de comunicar únicamente lo que vende y comienza a compartir aquello en lo que cree. Entonces puede encontrar a personas que no solo valoran su producto, sino que también se identifican con la manera en que fue concebido.

Cuando la narrativa de una marca también cuenta la historia de un territorio

Hay una dimensión adicional cuando trabajamos con productos de origen: la historia no pertenece únicamente a la marca. También pertenece a las personas que han construido ese conocimiento, a las comunidades que conservan sus tradiciones y al territorio que hace posible su existencia.

Por eso, una narrativa de origen requiere algo más que creatividad. Necesita sensibilidad para escuchar, responsabilidad para contextualizar y criterio para representar las historias sin reducirlas a un recurso publicitario.

En Totoaba de origen, esta mirada se relaciona también con una aspiración que va más allá de la comunicación comercial: contribuir a una forma de comercialización internacional que respete el origen y mantenga presente el vínculo entre la especie y su historia. Una intención que debe acompañarse de prácticas responsables y de las condiciones necesarias para proteger tanto a la especie como a su ecosistema. Porque contar una historia de origen también implica reconocer la responsabilidad que tenemos frente a ella.

Y cuando varias marcas de un mismo territorio logran expresar sus historias con autenticidad, el efecto puede extenderse mucho más allá de cada proyecto individual. El territorio adquiere profundidad, identidad y una voz propia. Deja de ser solamente un lugar en el mapa para convertirse en una experiencia cultural que las personas pueden conocer, comprender y valorar.

¿Qué historia está contando tu marca, incluso cuando no habla?

A veces, la respuesta no está en lo que una marca dice de sí misma, sino en las decisiones que toma todos los días: lo que elige preservar, las personas con quienes construye, la manera en que trabaja y aquello que se niega a sacrificar. Como diseñadores de narrativas, tenemos la oportunidad de descubrir esas historias y construir puentes entre quienes las viven y quienes todavía no las conocen.

No se trata de adornar un producto con una historia bonita. Se trata de reconocer el significado que ya existe, encontrar la perspectiva que lo hace único y darle una forma capaz de conectar con otros. Porque una marca puede vender un producto, pero también puede transmitir una memoria, representar una comunidad y abrir una ventana hacia otra manera de habitar el mundo.

Y quizá esa sea una de las preguntas más importantes que podemos hacernos antes de contar cualquier historia: ¿Desde qué perspectiva está contando su historia tu marca?

Darlene Guerra

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