Existe un momento en la vida de todo creador en el que la pregunta deja de ser ¿qué quiero hacer? y se transforma en ¿desde dónde quiero crear?
Durante mucho tiempo creí que el oficio consiste en acumular herramientas: aprender a diseñar, escribir, fotografiar, construir una marca, dirigir un proyecto, dominar una técnica. Me convertí en coleccionista de disciplinas, convencida de que la siguiente habilidad sería lo que cautivaría a mis clientes.
Sin embargo, con la práctica superficial el trabajo creativo rara vez resulta como quieres. Lo que realmente sostiene una práctica multidisciplinaria no es la cantidad de conocimientos, sino la claridad con la que habitamos nuestra experiencia creativa.
Antes de diseñar espacios, imágenes, objetos o palabras, existe un territorio silencioso que también necesita ser construido.
No aparece en un portafolio. No recibe premios. No puede fotografiarse.
Es el espacio donde aprendemos a escucharnos sin la interferencia constante de las expectativas, las tendencias o la comparación. Crear es traducir esa conversación. Y toda traducción exige paciencia.
Vivir antes de crear
Las mejores ideas no aparecen únicamente frente al ordenador o dentro del estudio. Llegan caminando sin rumbo fijo. Preparando café. Conversando con alguien que no conoces.
Con el tiempo comprendemos que cada proyecto modifica a quien lo realiza. Rara vez el oficio creativo consiste en fabricar obras extraordinarias, es mas bien, el arte de crear con consciencia una vida que exprese, inevitablemente, la verdad que proviene del artista.

Leave a Reply